miércoles, 9 de junio de 2010

EN CASO DE UNA POSIBLE ERUPCIÓN DEL COTOPAXI


Las erupciones pasadas del Cotopaxi han estado caracterizadas por la ocurrencia de fenómenos eruptivos peligrosos, tales como derrames de lava, sismos y temblores de origen volcánico y flujos piroclásticos. Sin embargo, en el caso que se repitan estos fenómenos, es poco probable que afecten en forma directa a la población.

Los gases volcánicos y el vapor caliente que salen del cráter o de otros lugares de la cima del volcán pueden representar un peligro para los andinistas, por lo que deben evitar entrar en contacto directo con dichos gases.

En lo que se refiere a la caída de ceniza, fenómeno que siempre acompaña a una erupción, se debe puntualizar que la zona norte del volcán y en especial el Valle de los Chillos, recibiría solamente una ligera película de ceniza, que no presenta mayor inconveniente. Caso contrario, el Valle Interandino inmediatamente al oeste del volcán típicamente ha recibido acumulaciones de ceniza de hasta 10 centímetros, que representa un grave peligro para los habitantes. Con espesores de ceniza de esta magnitud podrían colapsar los techos y casas. La evacuación de personas y ganado y la pérdida de cosechas son unos de los problemas causados por este evento.

El volcán Cotopaxi ha generado en numerosas ocasiones flujos de lodo y escombros que han descendido con gran velocidad los ríos Salto, Pita, Santa Clara y San Pedro, con el resultado de arrasar todo lo que se encuentre en su camino. En las zonas urbanas mayormente planas como San Rafael y Selva Alegre, vale destacar que un flujo de uno o dos metros más alto que lo previsto podría inundar un área mayor de lo indicado, dado el poco relieve de la zona. Por otro lado, la incorporación de un número importante de árboles, casas, puentes y otros objetos grandes tendría el efecto de aumentar el volumen del flujo y podría producir represas temporales que causarían una mayor extensión lateral del área inundada.

Es muy importante subrayar que el tiempo de arribo de los lahares a las zonas pobladas del Valle de los Chillos es de alrededor de 40 a 60 minutos desde su generación en el volcán y posiblemente solo 30 minutos desde la primera alerta. Se trata de velocidades de 15-20 km/hr y caudales en el rango de 6000 a 12000 m3/seg, es decir entre el 50% y 100% del caudal de la inundación de la Josefina en 1993.

Obviamente, los moradores de los cauces de los ríos Guayllabamba y Esmeraldas tendrían más tiempo para responder, sin embargo estas personas deben tomar conciencia que habitan en una zona de riesgo.

En numerosas ocasiones flujos de escombros han descendido con gran velocidad el río Cutuchi y sus afluentes que nacen en los flancos del volcán, y luego forman los ríos Patate y Pastaza arrastrando todo que se encuentre en su camino.

En las zonas urbanas mayormente planas como las orillas del río Cutuchi en Latacunga, San Felipe y Salcedo, vale destacar que un flujo de uno o dos metros más alto que lo previsto podría inundar un área mayor de lo indicado, dado el poco relieve de la zona.

Por otro lado, la incorporación de un número importante de árboles, casas, puentes y otros objetos grandes tendría el efecto de aumentar el volumen del flujo y podría producir represas temporales que causarían una mayor extensión lateral del área inundada.

Es muy importante subrayar que el tiempo de arribo de los lahares a Latacunga es de alrededor de 40 a 60 minutos desde su generación en el volcán y posiblemente solo 30 minutos desde la primera alerta dada por los instrumentos. Obviamente, las zonas pobladas más cercanas al Cotopaxi, por ejemplo las de Mulaló, Lasso, San Ramón, tendrían mucho menos tiempo para reaccionar y salir. Se trata de velocidades hasta 30 km/hr y caudales en exceso de 30.000 m3/seg, es decir hasta tres veces más grande que el caudal de la inundación de la Josefina en 1993.

Finalmente se debe considerar que el depósito de los flujos de lodo y escombros no se endurece rápidamente, dado el alto contenido de agua, permaneciendo mucho tiempo con una textura similar a la del concreto fluido. Luego del gran lahar que destruyó la ciudad de Armero (Colombia) en Noviembre de 1985, la planicie de lodo y materiales que cubrió la ciudad no fue transitable sino hasta semanas y en algunas partes hasta meses después de la erupción. Por esta razón no se debe tratar de caminar ni conducir un vehículo sobre un depósito lahárico fresco.

Como consecuencia de esta característica y de la frecuente destrucción de los puentes sobre los drenajes, muchas zonas pobladas quedan prácticamente aisladas por la dificultad o imposibilidad del transporte terrestre.

Fuente: Instituto Geofísico / Dirección Nacional de Defensa Civil

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